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La mujer en el Islam

y en el Judeocristianismo: Mito y Realidad

Por Dr. Sharif Abdul Adim

Traducción de Hashim I. Cabrera

Estas palabras en idioma árabe significan,

'Que Dios exalte su mención y que le proteja de las imperfecciones.

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Índice

Itroducción? ................................................................ 3

¿Por culpa de Eva? .................................................... 7

El legado de Eva ........................................................ 9

¿Hijas avergonzadas? . ............................................ 13

Educación femenina ............................................... 15

¿Mujer sucia e impura? ......................................... 17

Valor testifical ......................................................... 19

Adulterio ................................................................... 21

Compromisos .......................................................... 23

Propiedad de la mujer ......................................... 25

Divorcio .................................................................... 28

Madres ....................................................................... 35

La mujer y la herencia ......................................... 38

La situación de las viudas .................................... 40

Poligamia ................................................................. 42

El velo ....................................................................... 49

Epílogo ...................................................................... 54

Notas .......................................................................... 60

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Introducción

U n recorrido histórico por las fuentes de las diversas etapas de la Tradición puede ayudarnos a comprender la evolución de las formas sociales y de los usos culturales. En el tema de los derechos de la mujer, un análisis de este tipo, a la luz de las fuentes en las que se basan las diferentes legislaciones, puede revelarnos la naturaleza de unas y de otras, sus puntos comunes y sus divergencias. Lamentablemente, la poca fiabilidad de las fuentes judías y cristianas —por la sencilla razón de que los textos de ambas transmisiones han sido repetidamente alterados— no puede servirnos para establecer una comparación y decidir sobre la evolución o involución de la situación de la mujer en el momento histórico en que se producen las diferentes etapas de la Revelación.

El análisis se lleva a cabo entonces entre un texto revelado fiable, del que se sabe que no ha sido alterado en lo más mínimo, ni gramatical, ni estilistica ni semánticamente, y unos textos de los que sí se sabe que son un producto compuesto de materiales de diversa procedencia.
En cualquier caso y a pesar de la dificultad, la Torah es el Libro revelado a Moisés, el Evangelio se correspondería con la Revelación hecha a Jesús, y el Corán constituye la Revelación en su forma final y definitiva descendida hasta el corazón del Sello de los Profetas, Sayydina Muhammad , que la Paz sea con todos ellos.
El Dr. Sharif Abdul Adim se adentra en el laberinto de los textos antiguos y establece su estudio comparativo con las fuentes islámicas, las más recientes. De su análisis podemos concluir que la mujer ha encontrado en el Islam el reconocimiento pleno de su dignidad y de sus derechos, mermados hasta hace poco en las sociedades históricas herederas del judeocristianismo.
Hace cinco años leí en el número correspondiente al 3 de Julio de 1990 de la revista Toronto Star, un artículo titulado "El Islam no es sólo una doctrina patriarcal", firmado por Gwynne Dyer. El artículo describe las reacciones agresivas de los participantes en la conferencia "Las mujeres y el poder" celebrada en Montreal, a las declaraciones de la famosa feminista egipcia Dra. Nawal Saadawi.

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Su ‘políticamente incorrecta’ declaración incluía que: "los factores más restrictivos que pesan sobre las mujeres debían buscarse primero en el judaísmo del Antiguo Testamento, luego en el Cristianismo y finalmente en el Corán; [...] todas las religiones son patriarcales porque surgen en sociedades patriarcales;" y "el velo de las mujeres no es una práctica específica del Islam sino una herencia cultural que guarda analogías con las religiones de su misma proceden cia".
Los participantes no pudieron seguir en sus asientos mientras sus creencias estaban siendo comparadas con el Islam, y así, la Dra. Saadawi recibió una avalancha de críticas: "Las declaraciones de la Dra. Saadawi son inaceptables. Sus afirmaciones muestran un profundo desconocimiento acerca de las creencias de los demás", declaró Bernice Dubois, del World Movement of Mothers —Movimiento Mundial de Madres—. "Debo protestar —dijo la periodista Alice Shalvi, de la cadena femenina de la radio israelí— no existe la institución del velo en el Judaísmo".
El artículo atribuía estas reacciones violentas a la fuerte tendencia occidental de culpar al Islam de prácticas que en muchos casos forman parte de la herencia cultural occidental. "las feministas cristianas y judías no se reunieron a discutir al mismo nivel que aquellas malvadas musulmanas", escribió Gwynne Dyer. 1
No me sorprendió el hecho de que los participantes tuviesen tan negativa visión del Islam, especialmente tratándose de la cuestión de la mujer. En occidente, el Islam es considerado el símbolo por excelencia de la subordinación de la mujer. Para poder entender cómo se mantiene esta creencia, es necesario recordar que el Ministerio de Educación de Francia, la tierra de Voltaire, ha ordenado recientemente la expulsión de una joven musulmana por llevar el velo en una Escuela Pública. Una joven estudiante musulmana ha visto negado y lesionado su derecho a la educación en Francia, mientras una estudiante católica puede portar una cruz o un estudiante judío llevar su kippa. La escena de la policía francesa advirtiendo a las jóvenes estudiantes musulmanas que se descubran para poder entrar a los institutos resulta inolvidable.
Trae a nuestra memoria otra desgraciada escena protagonizada por el Gobernador de Alabama, George Wallace en 1962: de pie frente a la verja de una escuela, impidiendo la entrada a los estudiantes negros, intentando evitar el fin de la segregación racial en las escuelas de dicho estado norteamericano.

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La diferencia entre ambas escenas estriba en que los estudiantes negros contaban con el apoyo y las simpatías de mucha gente en los Estados Unidos y en todo el mundo.
El presidente Kennedy envió a la Guardia Nacional para garantizar el acceso de los estudiantes a las escuelas. En el otro caso, las jóvenes musulmanas no reciben ayuda de nadie. Su causa parece tener pocas simpatías dentro y fuera de Francia.
La razón estriba en el desconocimiento y el miedo, tan extendidos hoy en día, h acia todo lo islámico.
El tema que más me preocupó de la Conferencia de Montreal fue éste: ¿Eran ciertas las declaraciones de Saadawi o lo eran algunas de sus críticas? En otras palabras ¿Tienen el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam la misma concepción de la mujer?
¿Existen diferencias en sus respectivas concepciones? ¿Pueden el Judaísmo y el Cristianismo ofrecer a la mujer un mejor tratamiento que el que le otorga el Islam? ¿Cuál es la verdad sobre esto?
No es fácil buscar y encontrar respuestas a estas difíciles preguntas. La primera dificultad reside en que se ha de ser equitativo y objetivo o, al menos, intertar serlo al máximo. Esto es lo que el Islam nos enseña.
El Corán exhorta a los musulmanes a decir la verdad incluso cuando ésta revela cosas que no nos gustan

"Sed justos cuando declaréis, aun si se trata de un pariente"

(Corán: 6, 152)

"Oh, vosotros que creéis, sed íntegros en la equidad, cuando depongáis como testigos de Dios, aun en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos. Lo mismo si es rico que si es pobre". (Corán: 4, 135)

La otra gran dificultad es la abrumadora extensión del tema. Por ello, en los últimos años he dedicado muchas horas a leer la Biblia, la Enciclopedia de la Religión y la Enciclopedia Judaica en busca de respuestas. También he leído

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numerosos libros en los que se analiza la situación de la mujer en las diferentes religiones, escritos por profesores universitarios, apologistas y críticos.
El material presentado en los capítulos siguientes presenta el resultado de esta humilde búsqueda. No puedo asegurar la condición de ser absolutamente objetivo, pues ello excede a mi capacidad. Todo lo que puedo decir es que he procurado aproximarme durante la investigación al ideal coránico de "hablar co
n veracidad"
Me gustaría resaltar en esta introducción que la finalidad de este análisis no es denigrar al Judaísmo ni al Cristianismo. Como musulmanes, creemos en el origen divino de ambos. No se puede ser musulmán sin creer que Moisés y Jesús, que la Paz sea con ellos, fueron grandes profetas de Dios. Mi propósito es simplemente expresar el Islam y rendir un tributo, largamente aplazado en occidente, al último Mensaje verdadero de Dios al género humano.
Quisiera asimismo resaltar que es una cuestión doctrinal que me interesa personalmente. Sobre todo la cuestión de la situación de la mujer en las tres religiones tal como aparece reflejada en las fuentes originales y no en la práctica de los millones de seguidores que existen hoy en el mundo.
Por consiguiente, muchas de las citas proceden del Corán, de los Dichos del Profeta Muhammad , de la Biblia, del Talmud y de los escritos de algunos de los más importantes Padres de la Iglesia, cuyas visiones contribuyeron de manera decisiva a definir y conformar el Cristianismo. Este interés por las narraciones originales nos sugiere que el desconocimiento de la religión verdadera a causa de las actitudes y prácticas de muchos de sus seguidores nominales, puede inducirnos a error. Mucha gente confunde cultura con religión, otros muchos no saben lo que dicen sus textos sagrados y a otros no les preocupa la cuestión.

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¿Por culpa de Eva?

L as tres religiones están de acuerdo en un hecho: Tanto los hombres como las mujeres han sido creados por Dios, el Creador de todo el Universo. Sin embargo, la discrepancia comienza poco después de la creación del primer hombre, Adam, y de la primera mujer, Eva. La concepción judeocristiana de la creación de Adam y Eva está narrada con detalle en el Libro del Génesis (2:4 y

3:24). Dios les prohibe a ambos que coman los frutos del Árbol Vedado. La serpiente induce a Eva a comerlos, y Eva, seguidamente, induce
a Adam a comer con ella.
Cuando Dios inquiere a Adam por lo que ha hecho, éste echa toda la culpa a Eva: "La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol y yo la he comido."
Por consiguiente, Dios dice a Eva: "Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti."
Él le dijo a Adam: "Puesto que obedeciste a tu mujer y comiste del Árbol... maldeciré a la tierra por tu causa; conseguirás el pan con gran esfuerzo todos los días de tu vida."
La concepción islámica de la primera creación se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:
"‘¡Oh Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis, pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos’. Pero Shaytán les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo: ‘Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a ese árbol sino por temor de que os convirtiérais en ángeles u os hiciérais inmortales’. Y les juró: ‘¡De verdad que os aconsejo bien!’. Les hizo, pues, caer dolorosamente. Y cuando hubieron gustado ambos del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Su Señor les llamó: ‘¿No os había prohibido ese árbol y dicho que Shaytán era para vosotros un enemigo declarado?’. Dijeron: ‘¡Señor! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y Te apiadas de nosotros, seremos, ciertamente, de los que pierden’." (Corán, 7-19,23)

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Una mirada cuidadosa sobre los dos relatos de la historia de la Creación, revela algunas diferencias fundamentales. El Corán, contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido.En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol o que ella hubiese comido antes que él. En el Corán, Eva no es tentadora, seductora o engañadora. Además, Eva no es castigada con sufrimientos durante el embarazo. Dios, de acuerdo con el Corán, no castiga a uno por las faltas de otro. Ambos, Adán y Eva, cometieron un pecado y entonces pidieron perdón a Dios y Él los perdonó a los dos.

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El legado de Eva

L a imagen bíblica de la Eva tentadora ha tenido un impacto extremadamente negativo sobre las mujeres en la tradición judeocristiana. Todas las mujeres creían haber heredado de su madre, la bíblica Eva, su culpa y su mentira. Consecuentemente, todas eran infieles, moralmente inferiores y malvadas. La menstruación, la concepción y el embarazo fueron considerados como justo castigo por el ancestral delito cometido por el maldito sexo femenino. Para poder apreciar en toda su dimensión la negativa influencia de la Eva bíblica sobre todas sus descendientes femeninas hemos de acudir a los textos de algunos de los más importantes pensadores judíos y cristianos de todas las épocas.

Comencemos por el Antiguo Testamento y miremos en los textos de la llamada
Literatura Sapiencial, en donde encontramos:
"Encontré más amarga que la muerte a la mujer enredadora, cuyo corazón es una trampa y cuyas manos son cadenas. El hombre que agrada a Dios debe escapar de ella, pero el pecador en ella habrá de enredarse...mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil, más no encontré una sola mujer justa entre todas".
(Ecclesiastes 7:26-28).
En otro lugar de la Literatura Hebrea, que se encuentra en la Biblia Católica podemos leer: "No hay maldad comparable a la maldad de la mujer...
El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos nosotros habremos de morir." (Ecclesiasticus 25:19,24).
Los rabinos judíos registraron nueve maldiciones inflingidas a las mujeres como consecuencia de la Caída: "Él [Dios] concedió a las mujeres nueve maldiciones y la muerte: soportar la sangre de la menstruación y la sangre de la virginidad, la carga del embarazo, la carga del parto y la de criar a los hijos; su cabeza está cubierta como quien está de luto; horada sus orejas como una esclava o joven esclava que sirve a su señor; ella no es tenida nunca por inteligente; y después de todo, muere". 2

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Hasta el día de hoy, los judíos ortodoxos, en sus oraciones diarias matinales recitan: "Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer".
Las mujeres, por otra parte, agradecen a Dios cada mañana "por hacerme de acuerdo a Tu Voluntad" 3
Otra plegaria aparece en muchos libros de oraciones judíos: "Alabado sea Dios que no me ha creado gentil. Alabado sea Dios que no me ha creado mujer. Alabado sea Dios que no me ha hecho ignorante." 4
Eva había pecado, induciendo después a Adán a seguir su conducta. Por consiguiente, Dios los expulsó a ambos del Cielo a la Tierra, que habría sido maldita por su causa. Ellos legaron su pecado, que no había sido perdonado por Dios, a todos sus descendientes y, por eso, todos los humanos nacen en pecado. Para purificar a los seres humanos de su ‘pecado original’, Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado ‘el Hijo de Dios’. Por consiguiente, Eva es responsable de su propio error, del pecado de su marido, del pecado original de toda la humanidad, y de la muerte del ‘Hijo de Dios’.
En otras palabras, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como ella y tienen que ser tratadas como tales. Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento: "La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora". (I Timoteo 2:11-14).
San Tertuliano es aún más grosero que San Pablo cuando, hablando a sus
‘hermanas más queridas’ en la fe, dijo. 6
"¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadísteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras destruísteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el

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hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo de
Dios."
San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo: "Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer...... Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos."
Siglos después, Santo Tomás de Aquino todavía consideraba a las mujeres como seres defectuosos: "Respecto a la naturaleza individual, la mujer es incompleta y mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el sexo masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o incluso de una cierta influencia externa."
Finalmente, el famoso reformador Martin Lutero no podía ver beneficio alguno en la mujer salvo en el hecho de traer al mundo tantos niños como le sea posible, sin tener en cuenta cualquier otro aspecto: "Si se cansan o incluso se mueren, eso no tiene importancia.Dejémoslas morir en el parto, que es para lo que ellas están allí".
Una y otra vez las mujeres son denigradas a causa de la imagen de la Eva tentadora, gracias al relato del Génesis. Para resumir, la concepción judeocristiana de la mujer ha sido contaminada por la creencia en la naturaleza pecadora de Eva y de su descendencia femenina.
Si prestamos ahora atención a lo que el Corán nos dice sobre las mujeres, comprenderemos pronto que la concepción islámica de la mujer es bastante diferente de la Judeocristiana. Dejemos que el Corán hable por sí mismo:
"Para los musulmanes y las musulmanas, para los creyentes y las creyentes, para los devotos y las devotas, para los hombres veraces y las mujeres veraces, para los pacientes y las pacientes, para los que se humillan y las que se humillan, para los que practican la caridad, para los hombres y mujeres que ayunan, para los hombres y mujeres que guardan su castidad, y para los hombres y mujeres que se comprometen mucho en la alabanza a Al-láh, para todos ellos Al-láh tiene preparado el perdón y una gran recompensa." (Corán 33:35).

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"Los creyentes, hombres y mujeres, son protectores unos de otros: ellos mandan lo que es justo y prohiben lo que es malo, hacen la oraciones regularmente, practican la caridad y obedecen a Al-láh y a Su Mensajero. A ellos les mandará Al-láh Su Misericordia: Al-láh es el Poderoso, el Sabio." (Corán 9:71).
"Y su Señor escuchó su plegaria: ‘No permitiré que se pierda obra de ninguno de vosotros, ya sea varón o hembra, pues habéis salido los unos de los otros’." (Corán 3:195).
"Quien obre mal no será retribuido sino con una pena similar. En cambio, los creyentes, varones o hembras, que obren bien, entrarán en el jardín y serán proveídos en él sin medida." (Corán 40:40).
"Al creyente, varón o hembra, que obre bien, le haremos, ciertamente, que viva una vida buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras." (Corán
16:97).
Está claro que la visión coránica de la mujer no es diferente de la del hombre. Ambos son criaturas de Dios cuya meta sublime en la tierra es rendir culto a su Señor, realizar actos virtuosos y evitar el mal, y ambos serán juzgados de acuerdo a ello. El Corán nunca menciona que la mujer sea la puerta del diablo o que sea mentirosa por naturaleza. El Corán tampoco menciona que el hombre haya sido hecho a imagen de Dios; todos los hombres y mujeres son sus criaturas. Eso es todo. Según el Corán, el papel de la mujer en la tierra no se reduce a parir. Se le exige que haga tantas buenas acciones como al hombre. El Corán nunca dice que no haya exisitido jamás una mujer de recta conducta. Por el contrario, el Corán ha instado a todos los creyentes, mujeres y hombres, a seguir el ejemplo de mujeres ideales como la Virgen María y la esposa de Faraón: "Y Al-láh pone como un ejemplo para aquellos que creen, a la esposa de Faraón; ella dijo: ‘Oh mi Señor: construye para mí, en Tu proximidad, una mansión en el Jardín, y sálvame de Faraón y de sus obras, y salvame de aquellos que hacen el mal’. Y María, la hija de Imran, que conservó su virginidad y en la que infundimos de Nuestro Espíritu. Y ella testificó la verdad de las palabras de su Señor y de Sus revelaciones y era uno de las devotas" (Corán 66:12).

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¿Hijas avergonzadas?

D e hecho, la diferencia entre la actitud de la Biblia y la del Corán hacia el sexo femenino comienza ya en el momento en que nace una mujer. Por ejemplo, la Biblia dice que el período de impureza ritual de la madre es doble si se trata de una muchacha que si nace un muchacho (Lev. 12:2-5).

La Biblia católica lo declara explícitamente: "El nacimiento de unahija es una p érdida." (Ecclesiasticus 22:3).
En contraste con esta declaración chocante, los muchachos reciben alabanza especial: "Un hombre que educa a su hijo será envidiado por su enemigo." (Ecclesiasticus 30:3)
Los rabinos judíos declararon obligatorio para los hombres producir descendencia, con el fin de propagar la raza. Al mismo tiempo, no ocultaron su clara preferencia por los hijos varones: "Es un bien para aquéllos cuyos hijos sean varones pero un mal para aquéllos cuyos hijos sean hembras", "Durante el nacimiento de un muchacho, todos están contentos... en el nacimiento de una muchacha, todos están afligidos", y "Cuando un muchacho entra en el mundo, la paz entra en el mundo... Cuando una muchacha llega, nada trae." 7
Una hija es considerada una carga dolorosa, una fuente potencial de vergüenza para su padre: "¿Tu hija es obstinada? Cuídate de que no te convierta en el hazmerreir de tus enemigos, en las habladurías del pueblo, en objeto de vulgares chismorreos, y te exponga a la vergüenza pública." (Ecclesiasticus 42:11).
"Mantén con mano firme a la hija obstinada o ella abusará de cualquier indulgencia que de ti reciba.Vigila sus ojos desvergonzados y no te sorprendas s i ella te deshonra." (Ecclesiasticus 26:10-11).
Esta misma idea de considerar a las hijas como fuentes de vergüenza llevó a los árabes paganos, antes del advenimiento del Islam, a practicar el infanticidio de las hembras. El Corán condenó severamente esta odiosa práctica: "Cuando se traen noticias a uno de ellos del nacimiento de una niña, su cara oscurece y se llena de pesar. ¡Con vergüenza se esconde de sus gentes por las malas noticias recibidas! ¿La mantendrá en el desprecio o la enterrará en el polvo? ¡Ah! ¿por cuál de esos males se decidirá?"(Corán 16:59).

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Hay que decir que este siniestro crimen nunca habría cesado en Arabia si no hubiera sido por la contundencia de los términos que emplea el Corán para condenar esta práctica (Corán 16:59, 43:17, 81:8-9). Es más, el Corán no hace ninguna distinción entre los muchachos y las muchachas. En contraste con la Biblia, el Corán considera el nacimiento de una niña como un regalo y una bendición de Dios, igual que el nacimiento de un varón.
El Corán incluso menciona primero el regalo del nacimiento de una niña: "El dominio de los cielos y la tierra pertenece a Al-láh. Él crea lo que Él quiere. Regala hijas a quien quiere y regala hijos a quien Él quiere." (Corán 42:49).
Para acabar con cualquier atisbo de infanticidio femenino en la sociedad musulmana naciente, el Profeta Muhammad , la Paz y las bendiciones sean con él, prometió a aquéllos que fueran buenos con sus hijas, una gran recompensa si las trataban amablemente:
"Para aquel que se ocupa en mantener a sus hijas despiertas, y tiene con ellas un trato benévolo, ellas serán una protección contra el fuego del Infierno" (Bujari y Muslim).
"‘Quienquiera que mantenga a dos muchachas hasta que logren la madurez, él y yo estaremos así en el Día de la Resurrección’; y él unió sus dedos." (Muslim).

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Educación femenina

L a diferencia entre las concepciones bíblicas y coránicas no se limitan a las niñas recién nacidas sino que se extiende mucho más allá.

Comparemos sus actitudes hacia la mujer que intenta aprender su religión.
El corazón del Judaísmo es la Torah, la ley. Sin embargo, según el
Talmud, "las mujeres están exentas del estudio de la Torah."
Algunos Rabinos judíos declararon firmemente: "Preferimos dejar que las palabras de la Torah se destruyan por el fuego a que se impartan a las mujeres", y "Aquel que enseña a su hija la Torah es como si le enseñara obscenidades." 8
La actitud de San Pablo en el Nuevo Testamento no es más luminosa: "Como en todas las congregaciones de los santos, las mujeres deben permanecer calladas en las iglesias. No les está permitido hablar, sino que han de someterse a lo que dice la ley. Si ellas quieren preguntar sobre algo, deben hacerlo a sus propios maridos en la casa; porque es deshonroso para una mujer hablar.en la iglesia." (I Corintios 14:34-35)
¿Cómo puede aprender una mujer si no le permiten hablar? ¿Cómo puede crecer una mujer intelectualmente si le obligan a estar en un estado de sumisión plena? ¿Cómo puede ampliar sus horizontes si su única fuente de información proviene de su marido y en su casa?
Ahora, para ser justos, debemos preguntar: ¿es diferente la posición coránica? Una breve historia narrada en el Corán resume concisamente su posición. Khawlah era una mujer musulmana cuyo marido Aws declaró en un momento de enojo: "Eres para mí como la espalda de mi madre." Esto era tenido por los árabes paganos como una declaración de divorcio que liberaba al marido de cualquier responsabilidad conyugal pero que no permitía a la esposa abandonar la casa del marido ni casarse a otro hombre. Tras escuchar estas palabras de su marido, Khawlah quedó en una situación miserable. Ella fue directamente al Profeta del Islam a exponerle su caso.
El Profeta, la Paz y las bendiciones sean con él, opinaba que ella debía tener paciencia ya que no parecía haber solución alguna. Khawla continuó

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